Cada pieza de queso curado que sale de La Val ha pasado por manos que conocen el oficio de la producción artesana de queso. No es un proceso industrial con curvas de producción: es tiempo, temperatura y paciencia, repetido cada día en la quesería. Te contamos, paso a paso, cómo llega un queso curado artesano desde la leche hasta tu mesa.
De la granja a la cuba: el punto de partida
Todo empieza con la leche de oveja, ordeñada cada mañana. Trabajamos con leche de la que conocemos el pasto, el rebaño y la trabajamos en el momento exacto en que la leche está en su punto óptimo de grasa y proteína, algo que determina directamente la calidad final del queso de oveja artesano.
La leche se traslada a la quesería sin apenas margen de tiempo, para conservar intactas sus propiedades antes de empezar la transformación.
Por qué importa el origen de la leche
Un queso curado nunca puede ser mejor que la leche con la que se hace. Por eso es tan importante conocer el rebaño, la alimentación y el nivel de bienestar animal como el primer paso de todo. Paso silencioso, pero decisivo en todo el proceso.
El cuajado: el nacimiento del queso
En la cuba, la leche se calienta suavemente y se añade el cuajo, que separa la parte sólida (la cuajada) del suero. Es un momento que requiere ojo experto: la temperatura, el tiempo de reposo y el punto de corte de la cuajada marcan la textura que tendrá el queso meses después.
El corte y el moldeado
La cuajada se corta en granos cada vez más pequeños para liberar el suero. Después se traslada a los moldes, donde empieza a tomar la forma característica de nuestras piezas. En este punto todavía es un queso fresco, blando, sin ninguno de los matices que desarrollará con el tiempo.
El prensado y el salado
Cada molde se prensa para expulsar el suero restante y compactar la pasta. A continuación llega el salado en salmuera, un paso clave tanto para el sabor como para la conservación: la sal ayuda a formar la corteza y protege el queso durante toda la maduración.
El afinado: donde se hace el queso curado artesano
Aquí es donde el queso deja de ser un producto fresco para convertirse en un queso curado artesano de verdad. Las piezas pasan a nuestras cámaras de maduración, donde permanecen durante semanas o meses, según el tipo de curación que buscamos.
Temperatura, humedad y tiempo
Durante el afinado controlamos con detalle la temperatura y la humedad de la cámara. Cada pieza se voltea y se cuida a mano de forma periódica, para que la corteza se desarrolle de manera uniforme y la pasta madure sin defectos.
Es el paso que más paciencia exige y el que menos se ve desde fuera, pero es el que convierte una cuajada en un queso con carácter: con esa textura firme, ese aroma intenso y ese sabor persistente que distingue a un curado bien hecho de uno hecho deprisa.
Cuánto tiempo cura un queso de La Val
No todos nuestros quesos maduran el mismo tiempo. Los curados más intensos pueden pasar hasta 9 meses en cámara, siempre respetando el ritmo natural del producto por encima de cualquier calendario comercial.
El resultado: un queso con historia detrás
Cuando una pieza sale de la cámara de maduración, detrás hay semanas de trabajo, control y oficio. No hay atajos posibles en un queso curado artesano: cada lote depende del cuidado puesto en cada fase, desde el rebaño hasta el corte final.
Por eso, cuando pruebas un queso de La Val, no solo estás probando un producto: estás probando un proceso completo, hecho a mano, en una
quesería de Teruel, de Aragón.
¿Quieres probarlo?
Puedes descubrir nuestra selección de quesos curados artesanos en la tienda online y elegir la pieza que mejor se adapte a tu gusto: más suave o más intenso, en cuñas o en pieza entera.
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